Esta historia que os voy a contar comienza hace ya muchos años, y no, no escribo esto para contaros la historia de un héroe que salvo todo el mundo de un mal terrible, no os contaré la historia de alguien fuerte que usó la fuerza para el bien de su gente y no, no os voy a contar como alguien rompió todas las reglas y siguió su propio camino. Esta historia habla de uno más, de una de tantas personas que murieron en el olvido a pesar de que hiciese tantas hazañas como el que más, esta historia os contara una historia de alguien normal.
Nuestra historia comienza como otras muchas historias, con un nacimiento, en este caso el nacimiento de Horn un tauren de pelo de tonalidades grisáceas y blancas, y ojos azules como el cielo. Un bello tauren nacido en el seno del clan Tótem de Ira.
El clan Tótem de Ira, el clan en el que están los mejores guerreros de entre los tauren y por si fuese poco también los mejores herreros. Un clan muy duro para crecer en él, porque desde que naces te fuerzan a ser fuerte y aprender a luchar.
Desde que se pudo poner en pie, tuvo entre sus manos hachas y martillos. No paraban de enseñarle a forjar, a templar los metales y transformarlos en poderosas armas. Estuvo las primeras dos décadas de su vida así, sin parar de entrenar y aprender a forjar. Durante todos esos años había una cosa que atormentaba a Horn, ¿Por qué debía saber luchar si tanto él como los suyos lo aborrecían y lo intentaban evitar a toda costa?
Tras esas primeras dos décadas de entrenamiento e instrucción comenzó a cogerle un gusto especial a la forja que le habían enseñado desde pequeño, desde entonces salía de vez en cuando a cazar con su clan, pero le empezó a poner una dedicación especial al arte de la forja, aunque nunca fue muy rica, ya que en Cima del trueno, donde se crió, no se fabricaban más que algunas hachas y mazas. También comenzó a cogerle cierto gusto al combate como entretenimiento, aunque seguía aborreciéndolo y evitándolo como forma de arreglar conflictos.
Pasaron muchos años, y fue a la joven edad de cuarenta y nueve años cuando el líder de su grupo de caza se le acercó y le dijo que la próxima semana sería su primera cacería de Kodo y que tendría que apoyar bien al grupo y si lo conseguía quizás tendría su ceremonia de madurez.
Horn esa noche no durmió, estuvo durante toda la noche forjando la hoja de las hachas que usaría para aquella cacería tan importante. El rito de paso a la madurez dependía de ello, era un rito muy importante para los suyos, sería dotado con un nuevo nombre y sería un miembro maduro de su tribu aunque ello conllevaba también una dura decisión que debería reflexionar durante un tiempo.
El día llego y los miembros que se dirigían a la caza del kodo esperaban a Horn ya que se había quedado dormido por no dormir de los nervios durante toda la noche. Era un día muy importante para él y se le iban cayendo los trastos cuando llegó junto a los demás, su líder le recogió una de sus hachas y mientras se la daba le dijo firmemente; “Nunca pierdas tu arma, es lo único que te salvara una vez el Kodo se enfurezca. El joven Horn asintió y mientras tragaba saliva nervioso se agarro bien todo su equipo.
Salieron de su pacifica tierra a las llanuras de los Baldíos y allí comenzaron a caminar durante horas para encontrar al Kodo adecuado para la cacería, y lo encontraron, Un enorme Kodo negro con cuernos afilados y ojos rojos, lo que llamarían usarían como Kodo de guerra, todos se prepararon y se coordinaron para lanzar todos potentes hachas arrojadizas a la vez contra él, Su dura piel repelió muchas aunque otras muchas penetraron esta gruesa capa y se le clavaron haciéndole enfurecer y envestir contra el grupo de taurens, todos se apartaron y retrocedieron, y el único que no consiguió apartarse fue Horn que solo consiguió evitar el cuerno de la bestia con lo que salvo la vida. No obstante salió volando varios metros hacia arriba. Mientras Horn caía noto como soltaba una de sus hachas y estaba a punto de perder la otra antes de recordar las palabras de su líder y aferrarse con fuerza a ella.
Cayó pesadamente al suelo e intentó levantarse, vio que el Kodo se disponía a volver a envestir contra él sin ninguna clase de miramiento. Observo como el Kodo se le venía encima y cuando se dio cuenta ya estaba corriendo hacia él. Horn notaba como su corazón latía rápido de emoción ante aquel combate, no tenía miedo, en ese momento le daba igual morir. Cuando ya estaba cerca del Kodo se aferro a su hacha y en el último momento lanzo un hachazo directo al cuerno del Kodo acompañado de un rugido furioso. El hacha y el cuerno del Kodo chocaron con una fuerza sobrecogedora debido a el choque de las dos acometidas y Horn contemplo como tanto el cuerno del Kodo como su hacha saltaban por los aires fragmentándose debido al tremendo choque. Horn voló por los aires de nuevo y esta vez al caer grito de dolor. Entonces se empezaron a dirigir todos los tauren contra el kodo cuando de repente el líder del grupo exclamo en voz alta y firme “¡Parad!” Todos le miraron perplejos y antes de que les diera tiempo a quejarse él continuó; “Esto ya no es una cacería normal…en este momento ha pasado a ser un combate por la supervivencia de ambos, solo vivirá el más fuerte, solo el que aguante hasta que el otro contenga su último aliento será el que salga con vida de aquí. Para Horn esto ya es algo más que un combate…” Todos le miraron perplejos y contemplaron como Horn se levantaba con los restos de su hacha en la mano, sangraba por muchas heridas y apenas podía mantenerse en pie. El kodo le miró también herido y gruño mientras escarbaba en la tierra como señal de que iba a volver a envestir. Entonces Horn contempló en el suelo el cuerno del Kodo y reflexionó durante unos segundos antes de agacharse a recogerlo tranquilamente. Entonces se incorporó y gritó mientras se golpeaba el pecho; “¡¿Quieres esto?! ¡Pues ven a buscarlo!” El kodo comenzó a correr hacia él y viceversa. Los dos corazones latían rápidos de la emoción de aquella rivalidad, corrieron rugiendo los dos y justo antes de chocar Horn se echó ligeramente hacia un lado y lanzó una estocada con el cuerno hacia el ojo de la bestia. Horn le clavó el cuerno entero en el ojo y después salió rodando por encima del kodo y calló de cabeza al suelo recordando únicamente el golpe seco contra el suelo de su cabeza.
Despertó en una habitación de Cima del trueno con el líder de su clan sentado a su lado, cuando vio que había despertado se levantó y le dijo que había conseguido vencer al Kodo y que se merecía su ceremonia de madurez que sería justo después de que se recuperara.
Cuando se recuperó le dirigieron hacia el lugar donde se había preparado su ritual de madurez y esté comenzó. Tras un largo discurso su líder dijo, y por el poder de la madre Tierra yo a ti por tus hazañas te bautizo con el nombre de Rompedor Tótem de Ira. Desde ese mismo momento Horn pasó a llamarse Rompedor y fue considerado un miembro adulto entre los tauren. Pero tras eso tenía que decidirse, si quedarse en Cima del Trueno o ir a ayudar a la horda, lo que implicaba guerras y derramamientos de sangre inútiles.
Pasó dos semanas recapacitándolo y fue un día mientras forjabas sus nuevas hachas cuando vio con claridad lo que quería hacer. Allí nunca haría más que cazar y forjar hachas, si se iba podría aprender a crear toda clase de armas y podría llegar a mejorar lo suficiente como para ser un miembro de honor en su clan. Cogió sus cosas y se decidió a partir de Cima del Trueno con la intención de volver pronto, siempre sería su hogar.